Plan B…

A la edad de 11 años mi padre me matriculó en un curso de computadoras cuya duración fue de dos semanas. Mi papá siempre ha sido un hombre visionario y, sabiendo que la tecnología es una herramienta muy útil, quería que su hija comenzara a adentrarse en ese mundo. Pero lo único que recuerdo de esa experiencia es que fueron dos semanas interminables. A los 20 años, nuevamente me matriculó en otro curso de computadoras que también duró dos… dos días. Uff! De la que me salvé. Pero en esa ocasión creo que aproveché más el tiempo pues quedaron grabadas en mi mente las siglas  D O S… y aún conservo mi certificado de participación.

Siempre me resistí al uso de la tecnología y por el contrario, prefería hacer las cosas del modo tradicional. Confieso que en muchos aspectos continúa siendo así todavía. Pero no fue sino hasta la edad de 26 años, luego de observar a un niño de 4 años manejando el teclado y el “mouse” de la computadora con una habilidad pasmosa, que comprendí lo que mi padre me había dicho hacía 15 años atrás… y como nunca es tarde para aprender cosas nuevas me propuse entonces cambiar la actitud.

Conozco, de primera mano, que el aprendizaje en cualquier ámbito surge como consecuencia de un interés en particular sobre algo, de la practicidad, funcionalidad que el mismo va a provocar. Tiene que tener pertinencia, sólo así será significativo. En aquel entonces ese no era mi sentir pero llegó el momento de darle la razón a mi padre. ¡Los padres son muy sabios!

Para aquel tiempo una compañera de trabajo, a quien le estaré siempre agradecida por su gentil y desprendida iniciativa, brindó su tiempo para ayudar a un grupo de colegas para aprender a hacer cartas en Word. Entonces descubrí, a través de dicha experiencia, un mundo de posibilidades infinitas. Dicha herramienta comenzó a facilitarme mi trabajo al punto que hoy día la computadora se ha convertido en mi mano derecha. Utilizada de forma adecuada es una alternativa que no tan sólo facilita sino que agiliza muchos de los procesos.

Ahora bien, aunque hoy día vivimos cautivos de la era cibernética y es parte de nuestra rutina diaria, no podemos perder de perspectiva que en todo cuanto hagamos o planifiquemos hacer, siempre debe existir un plan B. No todos tienen acceso a dichas herramientas o simple y sencillamente no les provoca ningún interés y eso hay que respetarlo. Además, nada como el contacto humano directo, eso es irremplazable. Y como todo en la vida es cuestión de balance reitero: siempre debemos tener un plan B

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